Liberada
Yo tengo todo este mundo a mis pies, este mundo con más caminos que cabellos de muñecas.
Tengo estas ganas infinitas de correr por todos ellos, de saludar a la gente, decirles mi nombre e irme dejándoles una sonrisa, o un gesto molesto porque cambié por completo sus rutinas.
Tengo esta libertad carcomiendome por dentro, siento que me muerde las venas y me grita que la viva, que viva la libertad, que la estoy privando de su razón de ser.
El problema es que la libertad no sabe de prudencia. La libertad solo sabe de libertad, y ya. Sabe de aire, sabe de impulsos.
Algo que siempre te envidiaré es tu valentía, libertad. Por no llamarle necedad. Pero digamole optimismo, esa sensación de “no sé por qué, pero todo va a salir bien”.
La libertad de saltar de cualquier altura y pensar que lo hago porque puedo.
¿Cuántas veces no hemos soñado con volar, con ser.. con vivir?
¡DESPERTEMOS! Vivir no es respirar y andar, ni es ver tv ni nada de eso.
No es que yo sepa de vida, yo no sé sobre nada, pero cuando sepa les aviso.
Lo que yo sé es que esta vida que llevo no es la correcta, o por lo menos, no es la que quiero.




